Más derecho, menos trabajo
Colombia ha dado un paso con la nueva reforma laboral que, en apariencia, busca dignificar el trabajo y fortalecer las garantías de quienes ya están en la formalidad. Se amplían los recargos nocturnos y dominicales, se restringen los contratos temporales y se establece el contrato a término indefinido como regla general. Todo esto parece avanzar en la dirección correcta desde un punto de vista ético y político: reconocer que el trabajo no puede seguir siendo precario y que los trabajadores necesitan mayor estabilidad y seguridad. Sin embargo, la realidad es más compleja. En un país donde más del 55% de la población ocupada trabaja en la informalidad y donde el desempleo estructural golpea de manera especial a jóvenes y mujeres, elevar los costos de contratación puede terminar siendo un privilegio para unos pocos y un muro infranqueable para la mayoría que aún busca un empleo estable. Este es el primer contraste: una reforma que promete inclusión puede, paradójicamente, profundizar la e...