Entradas

Igualdad Selectiva

Imagen
Vivimos en una época extraña. Nunca antes la humanidad había hablado tanto de igualdad, libertad individual y autonomía femenina, y al mismo tiempo nunca había existido tanta confusión sobre lo que significa ser hombre o mujer dentro de una relación. La modernidad prometió romper estructuras tradicionales para construir vínculos más libres, más justos y más conscientes, pero en el camino también desmontó referentes culturales que durante décadas —para bien o para mal— daban cierta claridad sobre el papel que cada sexo asumía en la dinámica afectiva. El resultado no ha sido necesariamente una guerra entre hombres y mujeres, sino una tensión silenciosa entre expectativas antiguas y discursos modernos que hoy chocan todos los días en las citas, en las redes sociales, en los hogares y en la vida cotidiana. Durante años, los discursos progresistas insistieron en la idea de igualdad total entre hombres y mujeres. Igualdad económica, igualdad profesional, igualdad política, igualdad social. Y...

El Dólar Baja A Pesar de Petro

Imagen
Colombia se acostumbró a discutir la economía como si fuera una barra brava política. Si el dólar sube, unos culpan al “neoliberalismo”. Si baja, otros corren a atribuírselo al gobierno de turno. Y en medio de esa simplificación infantil de la realidad económica, millones de colombianos terminan creyendo que la tasa de cambio depende del discurso de un presidente, de un trino incendiario o de una intervención populista en televisión nacional. La verdad es mucho más incómoda para el poder político y mucho más seria para el país: el dólar no baja en Colombia gracias a Gustavo Petro. Baja por factores internacionales que trascienden completamente su capacidad de influencia. Y si no cae más, es precisamente por la incertidumbre, el deterioro institucional y la desconfianza que produce su gobierno. Hay una diferencia enorme entre coincidir con un fenómeno global y causarlo. Esa diferencia es la que el petrismo intenta borrar deliberadamente para construir la narrativa de un supuesto lideraz...

La revolución ya pasó

Imagen
Hay colombianos que todavía despiertan cada mañana convencidos de que el país se encuentra al borde de una gran revolución política, económica y cultural. Hablan del futuro como si el verdadero peligro aún estuviera esperando detrás de la puerta. Temen un colapso institucional, una transformación radical del Estado, una ruptura definitiva con el modelo económico o una mutación irreversible de la sociedad. Pero mientras observan el horizonte buscando señales de una revolución venidera, ignoran algo mucho más inquietante: la revolución ya ocurrió. No llegó con fusiles, ni con barricadas, ni con una toma del poder semejante a las imágenes clásicas del siglo XX. Llegó silenciosamente, durante años de crisis acumuladas, frustraciones sociales, agotamiento institucional y deterioro moral. Pasó cantando canciones sobre libertad, derechos, justicia social y progreso, mientras el viejo país se desmoronaba sin que muchos quisieran admitirlo. Colombia no está entrando en una transformación histór...

Cifras que Indignan, Verdades que Faltan

Imagen
  Hay algo profundamente seductor en los números grandes. En un país como Colombia, donde la desigualdad es visible en cada esquina y la desconfianza hacia lo público se ha vuelto casi instintiva, basta con presentar una cifra en billones para encender la indignación colectiva. No importa demasiado de dónde viene, cómo se calculó o si resiste una auditoría básica; lo que importa es el efecto inmediato: la sensación de saqueo, de abuso, de traición. Y en esa emoción, muchas veces, se pierde lo esencial: la verdad. La circulación reciente de piezas que consolidan supuestos “robos” por más de cinco billones de pesos asociados al gobierno de Gustavo Petro no es un hecho aislado, sino un síntoma. Un síntoma de una sociedad que ha dejado de exigir rigor a cambio de confirmación emocional. Porque lo verdaderamente preocupante no es que existan escándalos —Colombia ha convivido con ellos durante décadas—, sino que el debate público haya renunciado a distinguir entre evidencia, sospecha y n...

Huir para vivir

Imagen
  Hay una forma de votar que no pasa por las urnas y, sin embargo, dice más que cualquier discurso político: caminarse un país entero hasta abandonarlo. No hay retórica que compita con esa decisión. No hay consigna que la opaque. En el mundo contemporáneo, y de manera particularmente visible en América Latina, millones de personas han optado por ese voto silencioso pero contundente: salir. Y cuando uno observa hacia dónde se dirigen esos flujos humanos, aparece un patrón incómodo para ciertos relatos ideológicos pero difícil de refutar desde la evidencia empírica: la gente huye de economías cerradas, inestables o profundamente intervenidas, y busca entornos donde el esfuerzo individual tenga alguna posibilidad de traducirse en progreso material. Colombia no es ajena a esa conversación, aunque a veces prefiera mirarla desde la distancia, como si se tratara de un fenómeno externo. Sin embargo, basta recorrer cualquier ciudad para notar cómo esa realidad global se ha instalado en lo c...

Idealismo sin cálculo

Imagen
  En Colombia se ha instalado una paradoja que merece una reflexión menos visceral y más rigurosa: una parte de la juventud, organizada o no, abraza marcos ideológicos de izquierda con una convicción moral intensa, pero con una evaluación económica frecuentemente incompleta de los costos, los incentivos y las restricciones que enfrentan esas propuestas cuando se convierten en política pública. No se trata de negar la legitimidad de sus preocupaciones —desigualdad, acceso a educación, precariedad laboral—, sino de examinar con precisión si los instrumentos que respaldan son coherentes con los resultados que esperan. Para aterrizar el debate, conviene empezar por los hechos básicos del entorno. Colombia hoy convive con una inflación que, aunque ha cedido respecto a sus picos recientes, erosionó el salario real durante varios trimestres; con un mercado laboral que muestra tasas de desempleo moderadas pero con una informalidad persistente superior al 50% en varias ciudades; y con un cr...

La ilusión del 2%

Imagen
Hay ideas que se repiten tanto en el debate público que terminan adquiriendo la apariencia de verdad técnica incuestionable. Una de ellas es la creencia de que la inflación puede ser gestionada como si fuera una perilla que los bancos centrales ajustan con precisión quirúrgica: ni muy alta para no desbordar la economía, ni demasiado baja para no frenar el crecimiento. En Colombia, esta narrativa ha vuelto al centro de la discusión en medio de tensiones entre el gobierno de Gustavo Petro y el Banco de la República, particularmente alrededor del manejo de las tasas de interés. Pero más allá del debate coyuntural, lo que realmente está en juego es algo más profundo: la comprensión misma de qué es la inflación y qué efectos produce sobre la estructura económica. Conviene empezar por desmontar una premisa cómoda pero problemática. La inflación no es simplemente un aumento generalizado de precios que puede ser calibrado para lograr fines macroeconómicos como el pleno empleo o el crecimiento ...