El espejismo de la gestión económica
Hablar hoy de Colombia exige sinceridad intelectual, incluso cuando esa sinceridad incomoda. Vivimos un momento en el que viejas ideas —presentadas como nuevas soluciones— vuelven a seducir a una ciudadanía cansada, desconfiada y deseosa de un cambio inmediato. De ahí que resulte tan fácil escuchar, con una naturalidad sorprendente, que la economía puede “dirigirse”, “controlarse” o “gestionarse” desde el Palacio de Nariño, como si los 50 millones de decisiones diarias que conforman nuestro sistema productivo fueran engranajes de una máquina que solo necesita un operador con voluntad política. Es la misma ilusión que acompañó a los experimentos de planificación central del siglo XX, y la misma que, pese a su historial de fracasos, hoy regresa bajo nuevos discursos progresistas. Su retorno no se explica por sus resultados —que fueron decepcionantes en todos los casos— sino porque en tiempos de angustia colectiva las promesas de orden y protección estatal siempre encuentran eco. El...