Entradas

La ciudad no se construye con discursos

Imagen
Durante años, en Barranquilla se instaló una idea silenciosa pero persistente: que el desarrollo podía esperar, que la ciudad era apenas un punto de paso, un lugar funcional sin mayores aspiraciones estructurales. No era una capital política como Bogotá, ni un centro industrial consolidado como Medellín, ni un nodo logístico estratégico como Cali. Era, en muchos sentidos, una ciudad contenida en sus propias limitaciones. Sin embargo, algo cambió. Y ese cambio no vino de una narrativa épica ni de una revolución discursiva, sino de una decisión mucho más concreta: construir. Esa decisión tiene nombre propio en el debate contemporáneo: Alejandro Char. Un perfil atípico en la política colombiana reciente, no por carecer de poder, sino por la forma en que lo ejerce. Ingeniero de formación, su lógica de gobierno ha sido eminentemente ejecutiva: resolver problemas a través de obra pública. En un país donde la política suele moverse entre la retórica moral y la confrontación ideológica, su est...

Gobernar sin costo

Imagen
Hay una idea incómoda que rara vez se dice con la crudeza que merece: en Colombia, las decisiones económicas que se toman desde el poder rara vez las pagan quienes las diseñan. Las pagan quienes madrugan, quienes emprenden, quienes arriesgan capital propio sin red de seguridad, quienes sostienen hogares en medio de una economía volátil. Y en ese desfase —entre quien decide y quien asume las consecuencias— se esconde una de las raíces más silenciosas del deterioro de la salud mental en el país. No se trata de una afirmación emocional ni de una consigna ideológica. Es una observación que puede rastrearse en los datos. Durante las últimas dos décadas, la tasa de suicidio en Colombia ha pasado de niveles relativamente estables cercanos a 4,5–5 por cada 100.000 habitantes a cifras que hoy oscilan entre 5,5 y 6,3, según registros del DANE. No es un salto dramático, pero sí sostenido, y lo más relevante: ocurre en paralelo a transformaciones económicas que han alterado la percepción de estabi...

Pan, narrativa y desconexión

Imagen
Hay algo profundamente revelador en lo que está ocurriendo con las panaderías en Barranquilla. A simple vista, podría parecer una discusión menor: formatos modernos desplazando negocios tradicionales. Pero si se observa con rigor, lo que realmente está en juego es una radiografía precisa de cómo funcionan —o no— los incentivos en Colombia, y de cómo muchas veces el discurso va por un lado mientras la realidad económica avanza por otro. Mientras algunos critican la aparición de panaderías más completas por “acabar con el pan de barrio”, otros —sin hacer ruido— simplemente toman decisiones. Caminan unas cuadras más, pagan con datáfono, se sientan en un espacio más cómodo, acceden a mayor variedad y, en esencia, eligen lo que perciben como mejor. No hay ideología en ese acto, hay preferencia revelada. Y esa preferencia es el mecanismo más honesto que existe en una economía. Aquí conviene detenerse un momento. Porque lo que parece una discusión sobre pan es, en realidad, una discusión sobr...

Importamos causas, exportamos pobreza

Imagen
  Hay una paradoja incómoda que define el momento actual de Colombia: mientras el país aún no resuelve sus fallas estructurales más básicas —informalidad laboral persistente, baja productividad, debilidad institucional, inseguridad jurídica— adopta con entusiasmo narrativas globales que responden a preocupaciones propias de economías que ya resolvieron, al menos parcialmente, esos problemas. No se trata de negar la relevancia de fenómenos como el cambio climático ni de desconocer la necesidad de transiciones energéticas, sino de cuestionar la jerarquía de prioridades y, sobre todo, la forma acrítica en que se importan discursos internacionales sin un análisis riguroso de su pertinencia en el contexto colombiano. El origen de este fenómeno no es reciente. Puede rastrearse, al menos conceptualmente, hasta la Ilustración, cuando emergieron ideas de pretensión universal que, con el tiempo, evolucionaron en estándares normativos globales. Hoy, esos estándares ya no se limitan a derechos...

La trampa del 1%

Imagen
En Colombia se ha vuelto casi un axioma político repetir que “el 1% posee casi toda la tierra” y que, por tanto, la solución natural es redistribuirla. La frase, poderosa en lo retórico, funciona como un atajo intelectual que evita una pregunta más incómoda: ¿cómo se formó esa concentración y qué mecanismos la sostienen? Porque en economía, como en derecho, el origen importa tanto como el resultado. Y sin embargo, el debate público ha preferido simplificar la realidad en una narrativa moral donde hay culpables evidentes y soluciones aparentemente obvias. Es necesario partir de un punto que suele omitirse deliberadamente: Colombia no es, ni ha sido, un ejemplo histórico de libre mercado en el sentido estricto del término. La formación de la propiedad rural en el país ha estado profundamente marcada por procesos políticos, violencia, informalidad jurídica y privilegios institucionales. Desde las adjudicaciones de baldíos en el siglo XIX hasta los fenómenos de despojo documentados por ent...

Moral sin Método: Análisis al programa de gobierno de Ivan Cepeda

Imagen
  Si algo deja en evidencia el análisis del programa de gobierno de Iván Cepeda es una paradoja profundamente reveladora: lo dice todo, pero no dice nada. Es un documento cargado de conceptos nobles, de palabras que apelan a la ética, a la justicia, a la dignidad, pero que, al ser sometidas al más mínimo rigor técnico, se disuelven en ambigüedad. Es, en esencia, el típico programa diseñado para seducir a incautos y a amantes del discurso, a quienes confunden la retórica con la realidad, pero que no resiste el escrutinio de lo real, de lo viable, de lo ejecutable. No hay rutas, no hay cifras, no hay límites. Solo promesas que, precisamente por no aterrizarse, pueden decirlo todo sin comprometerse con nada. Y en un país como Colombia, esto no es una simple falla estética, es un riesgo estructural. Gobernar no es emocionar, es resolver. No es construir relatos, es administrar escasez. Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística, el país arrastra problemas persistentes...

El empresario: el gran ausente del discurso

Imagen
  En Colombia se habla de crecimiento, de justicia social, de redistribución, de reformas estructurales y de un supuesto “cambio” que promete corregir los errores históricos del país. Sin embargo, en medio de ese ruido político y retórico, hay una figura esencial que sistemáticamente se diluye, se caricaturiza o, en el peor de los casos, se convierte en sospechosa: el empresario capitalista. Se le presenta como un privilegiado, como un beneficiario del sistema, como un agente que extrae valor más que crearlo. Pero esta narrativa, cada vez más instalada en el debate público, omite —o ignora deliberadamente— que es precisamente ese empresario quien hace posible la existencia misma de la estructura productiva que sostiene a la sociedad. Conviene partir de una premisa incómoda: la economía no es un tablero estático donde los recursos se distribuyen mecánicamente, sino un proceso dinámico de coordinación bajo incertidumbre. En ese proceso, el empresario no actúa como un simple ejecutor ...