La democracia no admite dos presidentes
Hay una imagen que ha acompañado a la humanidad durante siglos: la del cisma. La historia de la Iglesia católica conoció momentos en los que dos e incluso tres personas reclamaban simultáneamente ser el verdadero papa. El llamado Cisma de Occidente, entre los siglos XIV y XV, dividió a millones de creyentes, fracturó la autoridad institucional y convirtió la lealtad política en un asunto de fe. Cada bando afirmaba poseer la legitimidad; cada uno descalificaba al otro como ilegítimo. El resultado fue una crisis que tardó décadas en superarse. Salvando las enormes diferencias históricas, esa imagen invita a reflexionar sobre cualquier intento contemporáneo de construir una legitimidad paralela frente a unas instituciones democráticas. Cuando un sector político decide promover una investidura o una posesión simbólica de quien no ha sido reconocido por las autoridades electorales como presidente, deja de discutir únicamente sobre política y empieza a cuestionar el principio bás...