El voto que nos engaña
Hoy Colombia vuelve a vivir uno de esos rituales que la democracia moderna considera sagrados: millones de ciudadanos salen a votar para elegir a quienes ocuparán el Senado y la Cámara de Representantes. Es el momento en que la teoría política clásica supone que la voluntad popular se expresa con claridad y que el sistema político, como una especie de mecanismo racional colectivo, traduce las preferencias de la sociedad en decisiones institucionales. Durante décadas se nos ha repetido que este acto es la máxima expresión de la soberanía ciudadana. Sin embargo, cuando se observa con detenimiento lo que realmente ocurre en el comportamiento electoral, surge una pregunta incómoda pero inevitable: ¿qué tan racional es realmente el votante? La democracia moderna se construyó sobre una premisa optimista: la idea de que los ciudadanos, al votar, toman decisiones informadas sobre lo que consideran mejor para su sociedad. Esta visión fue defendida con entusiasmo por pensadores como John S...