El título no compra la honestidad
Hay una pregunta incómoda que deberíamos hacernos en Colombia: ¿por qué una persona puede pasar años en una universidad, obtener un título profesional, estudiar ética, derecho, administración pública y economía, y aun así terminar utilizando un cargo público para enriquecerse a costa de los ciudadanos? ¿Cómo puede alguien conocer las leyes, comprender las consecuencias de sus actos y, pese a ello, encontrar la manera de burlarlas? La respuesta no es tan sencilla como afirmar que faltan educación, valores o funcionarios preparados. El problema es más profundo: hemos confundido la formación académica con la formación moral, el conocimiento de las normas con la voluntad de cumplirlas y la capacidad para administrar el Estado con la integridad necesaria para hacerlo sin convertirlo en un instrumento de beneficio personal. Un diploma certifica que una persona ha cumplido determinados requisitos académicos. No certifica su conciencia. Un posgrado puede enseñar a interpretar la...