La mejor versión de Colombia
Hay una idea que suele incomodar porque rompe con uno de los discursos políticos más populares de nuestro tiempo: un país no se vuelve próspero porque reparta más, sino porque primero produce más. Parece una afirmación obvia, casi de sentido común, pero basta observar el debate público colombiano para descubrir que, con demasiada frecuencia, la discusión gira alrededor de cómo distribuir una riqueza que todavía no hemos creado. Hablamos de subsidios antes que de productividad, de derechos antes que de responsabilidades, de gasto antes que de crecimiento, de consumo antes que de inversión. Es como si una familia discutiera cómo repartir un salario que aún no ha recibido. Durante décadas, Colombia ha vivido atrapada en esa contradicción. Cada campaña electoral promete beneficios, transferencias, ayudas, nuevos programas y más presencia del Estado. Muy pocos hablan con la misma intensidad de cómo lograr que el colombiano produzca más, emprenda más, ahorre más, innove más y gen...