La falsa virtud de la experiencia
La Universidad del Atlántico vuelve a ser el reflejo más claro de una enfermedad que carcome no solo a la educación superior sino a las instituciones públicas del país: la idea de que la “experiencia” es sinónimo de capacidad moral, técnica y liderazgo. Detrás de esa palabra, convertida en fetiche burocrático, se oculta la coartada perfecta de los mismos grupos que han gobernado los espacios académicos y administrativos por décadas. En la reciente elección de Leyton Barrios como rector, más que una discusión sobre méritos o visión institucional, se evidenció la pugna entre dos fuerzas: una que defiende el statu quo amparada en la retórica de la trayectoria, y otra que reclama un nuevo comienzo basado en valores, ética y vocación de servicio. El relato de la experiencia se ha transformado en un argumento de poder. En teoría, se valora por el conocimiento acumulado y la madurez que otorga el tiempo; en la práctica, se usa como una barrera invisible para excluir a quienes no forman parte ...