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Mostrando entradas de abril, 2025

Colombia no necesita más deuda: necesita coraje

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Vivimos tiempos en los que resulta más fácil prometer que cumplir, más rentable políticamente ofrecer "gratuitamente" todo tipo de subsidios que decir la verdad incómoda: el dinero no crece en los árboles y cada peso que el Estado gasta sin respaldo hoy es un peso que pagarán con sangre las generaciones que vienen detrás. El problema de la deuda pública en Colombia no es un fenómeno aislado ni un error de cálculo técnico; es un síntoma de una enfermedad mucho más profunda: la irresponsabilidad fiscal endémica y la falta de coraje político para enfrentarla. De nada sirven los planes de "ajuste fiscal gradual", las comisiones de expertos, los interminables debates sobre nuevas fuentes de ingresos o los slogans de "justicia social" financiados con déficits, si cada año seguimos sumando billones de pesos a la deuda nacional. Mientras el gasto deficitario continúe, cualquier promesa de consolidación fiscal es una burla a la inteligencia pública. Según datos del...

La gran estafa de la jubilación obligatoria: por qué el ahorro privado es nuestra única salvación

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La hipocresía del dinero fiduciario se revela en cada precio que pagamos. Mientras el Estado proclama la estabilidad económica, el bolsillo del colombiano promedio sufre el azote de una inflación que, aunque ha mejorado levemente respecto al año pasado, sigue erosionando silenciosamente el valor de nuestros ahorros. En un sistema anclado en billetes respaldados solo por la promesa gubernamental, el verdadero costo de la vida queda oculto tras la cortina de una “política monetaria responsable”. Si Colombia conservara un patrón sólido —un respaldo tangible en metales preciosos o en monedas con garantías reales— percibiríamos de inmediato el drenaje constante de nuestra riqueza, y no esperaríamos años entre cada crisis de alzas descontroladas. Cuando observamos el mercado laboral nacional, el velo se levanta aún más: más de la mitad de los colombianos trabajan en la informalidad, con cifras que superan el 80 % en las áreas rurales. De ese universo, apenas una fracción mínima ha logrado af...

La rebelión de las monedas: cuando el mercado castiga al monopolio estatal del dinero

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Durante años, en países como Colombia o Argentina, se nos enseñó que el Estado debía garantizar la estabilidad económica, que el peso debía ser protegido a toda costa y que solo el Banco Central tenía el poder legítimo de emitir moneda. Esta narrativa, heredada del keynesianismo estatista y fortalecida por décadas de intervencionismo, convirtió a las monedas nacionales en símbolos patrióticos más que en instrumentos funcionales. Pero ¿qué ocurre cuando la moneda deja de cumplir su papel esencial como reserva de valor, medio de intercambio y unidad de cuenta? ¿Qué pasa cuando los ciudadanos, por la fuerza de la realidad y no por decreto, comienzan a abandonar esa moneda impuesta por el Estado? La respuesta se está escribiendo, en tiempo real, con lo que hoy ocurre en Argentina… y que resuena con fuerza en los hogares colombianos. Lo que propone Javier Milei en Argentina no es una ocurrencia excéntrica ni una extravagancia ideológica. Es, en esencia, una rebelión contra el monopolio esta...

Barranquilla es un trancón”: cuando el Estado se convierte en el mayor obstáculo para el desarrollo

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Las ciudades no mienten. Lo que sucede en sus calles es apenas una síntesis de lo que ocurre en las estructuras invisibles que gobiernan sus destinos. Cuando una ciudad como Barranquilla aparece en el primer lugar del TomTom Traffic Index 2024 como la más lenta del mundo —superando a metrópolis históricamente caóticas como Londres, Kolkata o Bengaluru— no estamos frente a una simple curiosidad geográfica o estadística, sino frente a un síntoma profundo, crudo, estructural: el fracaso del Estado como gestor eficiente del desarrollo urbano. Los conductores en Barranquilla recorren en promedio apenas 16,5 kilómetros por hora. Esto significa que tomar una vía urbana y desplazarse 10 kilómetros puede representar un viaje de hasta 35 minutos. Esta cifra podría resultar risible si no fuera trágica: millones de personas pierden horas preciosas de sus vidas atrapadas en un sistema de movilidad que no responde, no avanza, no planea. Lo que debiera ser un flujo vital para la ciudad —su circulació...

La dictadura de la igualdad: el espejismo que amenaza la libertad

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Vivimos tiempos extraños. En Colombia, como en buena parte del mundo, las palabras han comenzado a perder su significado. Libertad ya no es autonomía, es "capricho"; mérito ya no es esfuerzo, es "privilegio"; desigualdad ya no es una condición natural, sino una falla moral. Y así, bajo una retórica edulcorada de justicia, inclusión y equidad, muchos promueven una peligrosa inversión de valores que pone en riesgo la base misma de una sociedad libre: el respeto por el individuo. Cuando hablamos de construir una sociedad justa, lo primero que deberíamos preguntarnos es qué significa justicia. Si por justicia entendemos que todos partamos del mismo punto, entonces desconocemos que los seres humanos no somos iguales. No lo somos en talento, ni en aspiraciones, ni en disciplina, ni en el entorno en el que nacimos. Esa es una realidad. Pero más aún, no queremos lo mismo. Algunos sueñan con un negocio propio, otros con una carrera académica. Hay quienes desean una vida tran...

Cuando el autoritarismo se disfraza de revolución: el paso silente hacia un totalitarismo petrista

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En una democracia, la palabra “autoritarismo” suele encender alarmas inmediatas, pero ¿qué sucede cuando esas alarmas quedan silenciadas bajo el discurso del cambio y la justicia social? Según Yuval Noah Harari, en el prólogo de Nexus, los totalitarismos del siglo XX descansan en un aparato tripartito —el Estado, el Partido y la Policía Secreta— fuertemente interconectados para someter toda disidencia y consolidar una verdad única. Aunque Colombia mantiene sus instituciones democráticas, las acciones del Gobierno Petro apuntan a un autoritarismo que bien podría considerarse el paso previo a un régimen totalitario. Hoy, el Ejecutivo ha reforzado su núcleo de poder con una alta rotación ministerial y decisiones cada vez más verticales, mientras el Pacto Histórico actúa como un partido de cuadro cerrado, movido por lealtades más que por la deliberación democrática. El resultado ha sido un debilitamiento de los contrapesos: el Legislativo tropieza con bloqueos ideológicos y el Judicial ve ...

El impuesto al ingenio: cómo la coacción estatal asfixia el progreso en Colombia

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La historia de las naciones puede contarse, en gran medida, a través de sus tributos. Allí donde la creatividad floreció, donde el trabajo se convirtió en sinónimo de dignidad, donde la acumulación de capital fue el resultado de la innovación y el mérito, los impuestos fueron bajos o prácticamente inexistentes en los albores del desarrollo. Por el contrario, en aquellas geografías donde el poder político se arrogó el derecho de decidir cómo y en qué se debía gastar la riqueza de otros, el progreso se vio interrumpido, el talento emigró y la miseria se institucionalizó. Colombia, a pesar de su exuberante diversidad natural y humana, no ha sido ajena a esta segunda narrativa. Y es urgente ponerla en cuestión. La tributación en nuestro país no es solo excesiva, sino profundamente injusta y destructiva. Quien se atreve a emprender en Colombia pronto se encuentra con un aparato normativo confuso, una carga fiscal asfixiante y un sistema sancionatorio voraz. No se castiga al que defrauda, se...

Los muros del proteccionismo: cómo los aranceles empobrecen lo que dicen querer salvar

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En el debate público colombiano reaparece cíclicamente la tentación del proteccionismo. No importa cuántas veces haya fracasado, ni cuántos países se hayan empobrecido tratando de cerrar sus economías al mundo; siempre hay una nueva excusa, una nueva promesa de "reindustrialización", una nueva narrativa salvadora que promete crear empleos y proteger lo “nuestro”. Los aranceles, se nos dice, serán la palanca que levante la industria nacional, que defienda al trabajador colombiano del “injusto” comercio global. Y, sin embargo, detrás de esa retórica nacionalista se oculta una vieja mentira: la idea de que se puede mejorar la prosperidad colectiva encareciendo artificialmente los bienes que consumimos.   Ludwig von Mises lo advirtió con claridad hace casi un siglo: "la imposición de aranceles no crea riqueza, sino escasez". Y aunque las circunstancias cambian, los principios económicos permanecen. Hoy en Colombia, donde millones de personas enfrentan altos precios, baj...

El arte de domesticar conciencias: cuando pensar por cuenta propia es subversivo

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Desde tiempos remotos, el poder ha entendido que no basta con imponerse por la fuerza. Gobernar exige algo más sutil, pero infinitamente más efectivo: domesticar las conciencias. Quien controla las ideas, controla la legitimidad. Quien escribe la historia, define al enemigo. Quien interpreta el mundo, lo gobierna. Por eso, en toda estructura estatal moderna, hay un ejército de intelectuales, asesores, tecnócratas, académicos, líderes de opinión y expertos que cumplen una tarea menos visible, pero no menos peligrosa: convencer a la ciudadanía de que el Estado es sabio, necesario, justo y, en ocasiones, incluso benevolente. Que fuera de él solo hay caos, barbarie, violencia o explotación. Murray Rothbard fue certero al afirmar que los intelectuales al servicio del Estado constituyen una casta sacerdotal moderna. Ya no portan túnicas ni ofician rituales en templos, pero escriben columnas, dan cátedra en universidades, asesoran ministerios, diseñan políticas públicas y, sobre todo, legitim...

¿Por qué el PIB no nos cuenta la verdad?

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Vivimos en una época en la que los titulares económicos se llenan de optimismo cuando el Producto Interno Bruto (PIB) crece unas décimas. Desde los comunicados del Banco de la República hasta las ruedas de prensa del Ministerio de Hacienda, la narrativa es clara: si el PIB crece, vamos bien. En el debate público, esa cifra se convierte en un dogma. Los medios la amplifican, los políticos la instrumentalizan y la ciudadanía, sin quererlo, la normaliza como una medida del bienestar colectivo. Pero detrás de esa aparente objetividad técnica, se esconde una realidad más compleja, incómoda e incluso peligrosa: el PIB no mide lo que realmente importa. Y en el caso de Colombia, esa ceguera estadística perpetúa errores estructurales que impiden el desarrollo auténtico y sostenible. Desde sus orígenes, el PIB fue diseñado para medir la producción económica formal, específicamente el valor monetario de los bienes y servicios finales producidos en un país durante un período determinado. El enfoqu...

La falsa prosperidad: cómo el espejismo del crédito barato debilita la economía colombiana

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Vivimos tiempos en los que la narrativa del crecimiento económico parece depender más de ruedas de prensa del Banco de la República que de la realidad concreta de las familias, los emprendedores o los trabajadores colombianos. Se nos repite con insistencia que bajar las tasas de interés dinamiza el mercado, que incentiva la inversión, que ayuda a las pequeñas empresas, que reactiva el consumo. Pero muy pocos se preguntan si este crecimiento es real o solo una expansión artificial sostenida por una distorsión profunda del sistema de precios. ¿Qué pasa cuando los cimientos de la economía se levantan sobre señales falsas, creadas no por las decisiones libres de millones de individuos, sino por el veredicto de unos pocos burócratas?   Reducir las tasas de interés no es una acción neutra ni técnica. Es una intervención directa en la estructura del mercado, en la relación natural entre ahorro y consumo, en la forma como las personas valoran el presente frente al futuro. En un entorn...

El olvido de la propiedad: cómo se desvanece la civilización cuando todo parece de todos

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  En Colombia, como en muchas naciones que aún se debaten entre el subdesarrollo y la promesa de una institucionalidad sólida, la propiedad privada ha sido vilipendiada, relativizada, interpretada como un privilegio y no como lo que realmente es: la base estructural del orden civilizado. Este olvido no es menor. Cuando se erosiona el respeto a la propiedad privada, cuando se desdibuja su importancia en el discurso público y se presenta la redistribución forzada como justicia, se sienta el terreno fértil para el caos económico, la inseguridad jurídica y la descomposición social. No hay civilización posible sin propiedad, porque no hay posibilidad de cálculo racional, de competencia leal, de incentivos claros ni de progreso sostenido si el fruto del trabajo propio puede ser expropiado, confiscado o condicionado por la voluntad política de turno. Producir no es, como muchos imaginan, simplemente mover una pala, operar una máquina o sembrar una semilla. Producir implica juicio, previ...

Colombia en el Umbral: El Desafío de Tejer Prosperidad en un Mundo en Cambio

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Hoy más que nunca, la nación colombiana se halla en una encrucijada, donde las viejas certezas del libre mercado y los nuevos clamores de intervención estatal se entrelazan en un debate que no admite dilaciones. El legado del pensamiento de Adam Smith –quien propugnaba el poder del mercado autorregulado y la “mano invisible” como motores del bienestar colectivo– se encuentra ahora sometido a la cruda realidad de ciclos económicos que, una y otra vez, han puesto en jaque la estabilidad social y han alimentado tensiones que retumban en cada rincón del territorio colombiano. En un contexto donde la prosperidad parece fluir solo para unos pocos, se hace imperante repensar el equilibrio entre el impulso de la iniciativa individual y la necesaria acción del Estado para garantizar la equidad y mitigar los embates de la volatilidad económica. La experiencia histórica nos enseña que los mercados, aunque capaces de impulsar la innovación y fomentar la eficiencia, han sido también fuente de peri...

El malentendido que nos empobrece: por qué seguimos ignorando la ley de Say

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En economía, hay errores que se repiten no por ignorancia sino por conveniencia. Uno de ellos, quizás el más persistente y peligroso, es la tergiversación de la ley de Say, una de las ideas más potentes que ha producido el pensamiento económico clásico y que, sin embargo, sigue siendo blanco de ataques, desdén o simple desinformación. Esta vieja disputa académica parece anacrónica a simple vista, pero hoy, más que nunca, exige ser desenterrada, no por nostalgia doctrinaria, sino porque la comprensión —o incomprensión— de esta ley sigue moldeando las políticas económicas de nuestro tiempo, con consecuencias palpables en la vida cotidiana de millones de personas. Y Colombia no es la excepción. Al contrario, es un caso de estudio. Jean-Baptiste Say jamás afirmó que toda oferta crea su propia demanda en el sentido simplista en que muchos lo interpretan. Lo que Say argumentaba —y lo hacía con una profundidad que sus críticos rara vez reconocen— es que la producción es la fuente de la deman...

El imperio invisible: cómo la burocracia coloniza la libertad en nombre del pueblo

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En la historia de las civilizaciones, los imperios no siempre se han construido con ejércitos, conquistas o banderas ondeando en tierras ajenas. Algunos se erigen en silencio, bajo la sombra de decretos, formularios, licencias, comités y discursos mesiánicos. Son imperios domésticos, donde el poder no se proyecta hacia el exterior sino que se incrusta en cada rincón de la vida cotidiana. El Estado moderno, cuando se deja capturar por una burocracia con apetitos imperiales, convierte el territorio que dice gobernar en una colonia de sí mismo. Y Colombia, en este momento de su historia, parece caminar peligrosamente por ese sendero. La burocracia totalitaria no necesita un dictador con uniforme ni un partido único que adoctrine. Le basta con una crisis. Mejor aún: con una serie de crisis encadenadas que justifiquen su expansión y permanencia. Porque donde hay una urgencia, hay una excepción; y donde hay una excepción, hay concentración de poder. Así, el aparato burocrático se alimenta de...