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Mostrando entradas de marzo, 2025

Cómo el gasto en educación superior nos deja más pobres y menos preparados

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Se nos ha dicho hasta el cansancio que la educación es la clave del progreso, el gran igualador social, el motor que impulsa el desarrollo de un país. Y aunque esta afirmación tiene mucho de verdad, hay un problema fundamental cuando el acceso a la educación superior se basa en un modelo de subsidios y financiamiento estatal sin control. Colombia ha seguido la receta de inyectar más y más recursos públicos en las universidades con la esperanza de mejorar la calidad y aumentar la cobertura, pero lo que hemos conseguido es precisamente lo contrario: un sistema universitario más caro, burocrático e ineficiente, con títulos devaluados que no garantizan movilidad social ni empleabilidad real.   El problema no es nuevo ni exclusivo de nuestro país. Basta con mirar el fenómeno en Estados Unidos, donde décadas de préstamos estudiantiles subsidiados por el gobierno han disparado el costo de la educación sin una mejora proporcional en su calidad. En Colombia, la historia se repite con m...

¿Por qué los cárteles no desaparecerán con un decreto?

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  Es una idea seductora pensar que la violencia generada por el narcotráfico es el resultado exclusivo de la prohibición y que, al legalizar las drogas, las mafias perderán su razón de ser y se disolverán como un castillo de arena bajo la marea. Este argumento ha sido repetido hasta el cansancio en ciertos círculos libertarios y progresistas, convencidos de que un mercado libre y regulado de sustancias psicoactivas pondría fin a las guerras de cárteles y la corrupción que las acompaña. Sin embargo, esta idea, aunque intuitiva y reconfortante, es peligrosamente ingenua y no resiste un análisis serio. Colombia, país que ha sido epicentro de la guerra contra las drogas por décadas, nos ofrece evidencia suficiente para desmontar esta falacia.   Cuando se habla de la violencia del narcotráfico, se suele decir que esta ocurre porque los vendedores y compradores no pueden acudir a la policía en caso de robo, fraude o incumplimiento de acuerdos. Bajo este razonamiento, si las dro...

El precio oculto del proteccionismo: una trampa para la economía colombiana

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  En el discurso político, la promesa de proteger la industria nacional resuena con fuerza. Los aranceles, se nos dice, son un escudo necesario contra la competencia extranjera, un mecanismo que permite a los productores locales prosperar sin la amenaza de bienes importados que inundan el mercado. Y a simple vista, la lógica parece sólida: si encarecemos los productos extranjeros, los consumidores se verán obligados a comprar lo que se produce en casa, incentivando la producción y protegiendo el empleo. Pero en economía, como nos enseñó Frédéric Bastiat, lo que se ve casi nunca es toda la historia. Lo que no se ve, lo que permanece oculto tras la fachada de las buenas intenciones, es un costo silencioso que se infiltra en todos los rincones de la economía y termina por frenar el desarrollo. Colombia no es ajena a este fenómeno. A lo largo de los años, diversas industrias han gozado de la protección del Estado, ya sea a través de aranceles o de restricciones a la importación. Sin em...

El precio de la libertad: el dilema de los mercados y la intervención estatal

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  El precio es más que una cifra; es el latido de una economía libre. En su vaivén, las señales de la oferta y la demanda trazan el camino de la producción y el consumo, ajustándose con una precisión que ningún burócrata podría igualar. No es una cuestión de ideología, sino de realidad: cuando los precios se forman de manera espontánea, reflejan necesidades, preferencias y escasez con una eficiencia inigualable. Sin embargo, cuando una autoridad central decide intervenir, ese delicado equilibrio se distorsiona, generando consecuencias que, aunque bien intencionadas, casi siempre terminan en desastre. En Colombia, un país donde la narrativa del intervencionismo resurge con fuerza, los efectos de estas distorsiones son cada vez más evidentes en la vida cotidiana de los ciudadanos. El precio de la gasolina es un buen ejemplo. Durante años, el subsidio a los combustibles ha sido una herramienta política utilizada para ganar popularidad entre los votantes. No obstante, mantener el preci...

¿Por qué la economía no se puede planificar desde un escritorio?

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En la economía, a diferencia de las ciencias naturales, no jugamos con elementos inertes cuya interacción se pueda predecir con ecuaciones matemáticas. No estamos midiendo la trayectoria de una partícula ni la velocidad de un objeto en el vacío. En la economía, lo que rige las fluctuaciones del mercado no son fuerzas naturales inmutables, sino decisiones humanas, cargadas de subjetividad, emociones y expectativas. El individuo actúa, decide, ajusta, se adapta. Y precisamente porque el ser humano actúa con intención, no podemos reducir la economía a meros datos estadísticos sin perder de vista su esencia. Sin embargo, en Colombia y en el mundo, las políticas económicas parecen aferrarse a la idea de que todo puede modelarse, predecirse y manipularse desde un escritorio. Los bancos centrales, los ministerios de economía y las agencias de regulación toman decisiones sobre tasas de interés, emisiones monetarias y regulaciones fiscales con base en datos históricos, sin reconocer que toda in...

El falso dilema entre el progreso y la identidad: una trampa cultural

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En la discusión sobre el desarrollo económico, se ha instalado una narrativa que opone la prosperidad material a los valores que han sostenido a las sociedades a lo largo de la historia. Como si el crecimiento económico exigiera un sacrificio inevitable: abandonar la familia, la fe y la identidad nacional para abrazar una modernidad sin raíces. Este dilema es una trampa. No solo porque presenta una falsa disyuntiva, sino porque oculta la verdadera pregunta que deberíamos hacernos: ¿cuál es el verdadero enemigo de nuestros valores y por qué algunos creen que el progreso es una amenaza para ellos? Colombia es un país marcado por contrastes. Por un lado, vemos ciudades que avanzan con modernización, nuevos polos de desarrollo y un acceso a tecnologías que, en otras décadas, parecían impensables. Barranquilla, por ejemplo, se ha transformado con proyectos de infraestructura que han mejorado la movilidad y el comercio, mientras que Medellín ha sido reconocida internacionalmente por su innov...

El espejismo del déficit comercial: riqueza o fragilidad en Colombia

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El déficit comercial ha sido un fenómeno recurrente en la economía colombiana, y sin embargo, rara vez se analiza con la profundidad que merece. En un país donde las cifras se manipulan para alimentar narrativas políticas, el debate sobre si importar más de lo que exportamos es una fortaleza o una debilidad se convierte en un laberinto ideológico. Algunos lo ven como una prueba de dinamismo económico y de confianza internacional, mientras que otros lo interpretan como una grieta que amenaza con colapsar nuestra estructura productiva. La realidad, sin embargo, es mucho más compleja que cualquier reducción simplista. En un mundo interconectado, donde las barreras comerciales se han diluido y las economías dependen unas de otras, el saldo de nuestra balanza comercial debe entenderse no solo como un número en un informe, sino como un reflejo de las decisiones, las oportunidades y las trampas en las que caemos como sociedad. Cuando una economía como la colombiana registra déficits comercial...

La paradoja de la intervención: ¿cura o enfermedad para la economía colombiana?

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En el tejido complejo de la economía colombiana, la intervención estatal ha sido una constante, tejida con hilos de buenas intenciones y resultados dispares. Desde el siglo XIX, cuando el país transitó de un modelo federal a uno centralista, el Estado ha asumido un rol protagónico en la regulación económica. Sin embargo, esta intervención, lejos de ser la panacea esperada, ha generado distorsiones que han desembocado en crisis recurrentes. Un ejemplo emblemático es la crisis de finales del siglo XX. En 1999, el Producto Interno Bruto (PIB) colombiano sufrió una contracción del 4,5%, llevando al gobierno a intervenir el sistema financiero mediante la adquisición de diversas entidades bancarias. Esta medida, aunque necesaria en el corto plazo, evidenció las fragilidades de un sistema demasiado dependiente de la mano estatal. Avanzando en el tiempo, la pandemia de COVID-19 en 2020 puso nuevamente a prueba la capacidad del Estado para manejar crisis económicas. El déficit fiscal del gobier...

Estado Agresor

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El mayor engaño de la historia ha sido hacerle creer a la gente que el Estado existe para protegerlos. Nos han repetido hasta el cansancio que es el garante de la seguridad, el promotor del bienestar y el administrador del bien común. Sin embargo, si miramos con detenimiento, lo que encontramos es la institución más organizada y eficiente en la violación de derechos individuales, la expoliación de la riqueza ajena y la administración arbitraria de la vida de las personas. En Colombia, esta realidad se hace más evidente con cada día que pasa, cuando observamos el crecimiento descontrolado del aparato estatal, su intervencionismo asfixiante y su incapacidad para resolver los problemas que él mismo genera. Pensemos en la forma en que el Estado colombiano se ha convertido en un agresor sistemático. La narrativa oficial insiste en que los impuestos son el precio que pagamos por vivir en sociedad, pero la realidad es que son una forma de saqueo legalizado. Se nos obliga a entregar parte de n...

El gobierno de los burócratas no necesita excusas ni justificaciones.

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Se basta a sí mismo, se reproduce, se expande como un organismo vivo que no responde a ninguna otra lógica que la de su propia supervivencia. En un país como Colombia, donde la maraña de trámites es una selva impenetrable y el tiempo del ciudadano se diluye entre oficinas, sellos y formatos, la burocracia no es un accidente, sino una estructura deliberada que permite al poder sostenerse a costa de la paciencia y la resignación de los gobernados. Un administrador gubernamental, en este contexto, no es un líder ni un servidor, sino un ejecutor mecánico de normas que no cuestiona. Acata códigos, sigue decretos, se pliega a procedimientos que, lejos de simplificar la vida del ciudadano, la vuelven un viacrucis. La tragedia de la burocracia en un gobierno despótico no es solo su ineficiencia, sino su capacidad de perpetuar el abuso y la desigualdad. No se trata de simples trámites que retrasan la vida de los ciudadanos, sino de un entramado diseñado para que la administración del Estado se ...

El espejismo de la justicia social y el avance del intervencionismo en Colombia

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La palabra "igualdad" se ha convertido en un arma de doble filo en el discurso político contemporáneo. Con ella, los gobiernos han justificado innumerables intervenciones en la sociedad, convenciendo a la ciudadanía de que cada nueva regulación, cada subsidio, cada redistribución forzada es un paso necesario hacia un mundo más justo. Se ha instalado la idea de que la desigualdad es el gran problema a resolver, sin detenerse a pensar si la medicina que se prescribe es peor que la enfermedad. La igualdad ante la ley, pilar fundamental de la libertad, ha sido reemplazada por una versión adulterada que, en nombre de la justicia social, otorga privilegios a unos y castigos a otros. Se ha pasado de una sociedad donde todos deberían ser iguales en derechos y deberes, a un escenario en el que la ley es utilizada como un instrumento de arbitrariedad para crear castas protegidas y grupos sacrificables. La política colombiana ha sido víctima de esta trampa. Desde hace décadas, los gober...

La economía en los cuentos de la infancia: una lección olvidada

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La economía, a pesar de su omnipresencia en la vida cotidiana, sigue siendo un lenguaje ajeno para muchos. En Colombia, donde los desafíos económicos se sienten en cada esquina, donde el costo de vida asfixia a las familias y donde el emprendimiento es más un acto de supervivencia que de innovación planificada, la educación económica se ha convertido en un privilegio más que en una necesidad universal. Y sin embargo, los principios fundamentales que podrían iluminar el camino han estado siempre ante nosotros, escondidos en las historias que escuchamos en nuestra infancia, en los cuentos que alguna vez nos hicieron soñar pero que rara vez supimos interpretar más allá de su moraleja evidente. Quizá el mayor error ha sido relegar la enseñanza de estos principios a la academia, olvidando que el relato, la narración, la fábula y el mito tienen el poder de anclar conceptos en la mente de un niño con más eficacia que cualquier ecuación o tratado teórico. Desde pequeños, escuchamos la historia...

El negocio de la pobreza y la trampa de la ilusión

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En una sociedad que avanza a la velocidad de la información, donde las oportunidades se multiplican para aquellos que saben aprovecharlas, resulta paradójico que la pobreza siga siendo el motor de muchas estructuras de poder. Se nos ha dicho, una y otra vez, que la solución a la miseria radica en la intervención del Estado, en la redistribución de la riqueza y en programas asistencialistas que, con el tiempo, terminan siendo una pesada ancla en lugar de una escalera hacia la prosperidad. Sin embargo, lo que pocos se atreven a decir es que la pobreza es un negocio, no para el empresario, sino para el político. Mientras el empresario necesita consumidores con mayor poder adquisitivo para que su negocio crezca, el político necesita votantes vulnerables que dependan de sus promesas para mantenerse en el poder. Y en esta contradicción se juega el destino de millones de personas. La lógica del mercado es implacable en su transparencia: para vender más, se necesita que más personas tengan con...

El precio de la protección: cómo los aranceles empobrecen a Colombia

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Nos han dicho que los aranceles son una herramienta de protección. Nos han vendido la idea de que, sin ellos, la industria nacional colapsaría y que, al cerrar nuestras fronteras a los productos extranjeros, estamos asegurando el bienestar de los colombianos. Pero la realidad es diametralmente opuesta. Los aranceles, lejos de ser un escudo, son una barrera que encarece nuestra vida, debilita nuestra economía y perpetúa la ineficiencia de sectores que no pueden sobrevivir por sus propios méritos. En una nación que lucha cada día por salir adelante en medio de dificultades económicas, la imposición de aranceles es un lujo que solo beneficia a unos pocos y castiga a la mayoría. Basta con ir al supermercado y ver los precios de los productos importados. Un televisor, un electrodoméstico o incluso un simple insumo agrícola pueden costar hasta el doble de su valor real debido a los impuestos de importación. Nos obligan a pagar más bajo el pretexto de proteger la producción nacional, pero ¿qu...