El Estado no es la lámpara de Aladino
Hace unos días, entre amigos, surgió una discusión aparentemente sencilla: ¿por qué dos municipios de un mismo departamento, relativamente cercanos y con características económicas y sociales similares, pueden terminar teniendo realidades tan diferentes? La conversación terminó llevándonos a una discusión mucho más profunda: ¿qué esperamos realmente del Estado y, sobre todo, quién paga la cuenta de todo aquello que esperamos de él? La respuesta que más se repite cuando hablamos de los problemas de un municipio parece sacada de un catálogo: necesitamos un programa social, una política pública, más subsidios, más transferencias, más inversión. Y muchas de esas necesidades pueden ser absolutamente legítimas. El problema aparece cuando hablamos de ellas como si fueran deseos que simplemente pueden cumplirse frotando la lámpara de Aladino. Pero el Estado no crea dinero porque existan necesidades. Detrás de cada programa hay un presupuesto. Detrás del presupuesto hay ingresos. Y ...