El poder sin límites corrompe
Colombia atraviesa un momento decisivo. No se trata simplemente de un cambio de gobierno ni de una alternancia ideológica en la Casa de Nariño; se trata de una redefinición del alcance del Estado, de su papel en la economía, de su capacidad de intervención sobre la vida productiva y de su poder para redistribuir recursos. Bajo el gobierno de Gustavo Petro, el discurso del “fortalecimiento del Estado” se ha convertido en una bandera política y moral. Sin embargo, toda expansión del poder público plantea una pregunta incómoda pero necesaria: ¿qué ocurre cuando el Estado acumula más recursos, más funciones y más discrecionalidad en un entorno institucional históricamente frágil? No es una cuestión ideológica, es una cuestión institucional. La literatura de economía política ha demostrado que el problema central no es el tamaño del Estado en términos absolutos, sino la calidad de sus controles y la estructura de incentivos que enfrentan quienes administran el poder. James Buchanan, d...