Reflexión sobre la crisis en Venezuela


En el ocaso de una dictadura que ha asfixiado la vida de millones de venezolanos, se levanta una nueva esperanza. La asunción de Edmundo González Urrutia a la presidencia de Venezuela los próximos días 9 y 10 de enero de 2025 marca un punto de inflexión no solo para ese país, sino para toda América Latina. Esta ocasión no es solo un acto ceremonial, sino un testimonio de la resistencia y valentía de un pueblo que ha sido sumido en la oscuridad por más de 25 años bajo un régimen socialista que ha devastado libertades, economía y esperanzas. Sin embargo, el impacto de este cambio trasciende las fronteras venezolanas, sembrando una semilla de esperanza y advertencia en tierras colombianas.

Para nosotros los colombianos, lo que sucede en Venezuela es crucial, especialmente considerando que tenemos un presidente de ideología socialista progresista. A pesar de su afán de mostrarse como un líder mundial preocupado por todas las naciones, su política interna contradice sus declaraciones públicas. Nunca ha tomado una postura distante del régimen venezolano; por el contrario, ha sido fotografiado varias veces con Nicolás Maduro, quien incluso habla muy bien de él. La conexión entre Venezuela y Colombia es más profunda de lo que parece a simple vista. La libertad y el bienestar de Colombia están intrínsecamente ligados al destino de su vecino. La caída de un narcorégimen como el de Nicolás Maduro no solo representa una victoria para el pueblo venezolano, sino también un escudo para Colombia contra las amenazas de una ideología totalitaria que ha demostrado su capacidad de destruir naciones. El hecho de que Edmundo González Urrutia asuma el poder con las actas en mano, desafiando la corrupción y la opresión, es una llamada a la acción para toda la región.

Sin embargo, la respuesta del gobierno colombiano a este acontecimiento crucial ha sido, cuando menos, decepcionante. El envío de un viceministro y un embajador a la posesión ilegítima de Maduro es un acto que trasciende la diplomacia; es una traición a los principios democráticos y una advertencia sobre las posibles intenciones del gobierno actual en Colombia. Este silencio cómplice no solo erosiona nuestra posición moral en el escenario internacional, sino que también debilita la confianza del pueblo colombiano en sus instituciones. Es una señal clara de que las sombras de la dictadura podrían extenderse más allá de la frontera.

La historia reciente de Venezuela es una advertencia viva para nosotros. Cada refugiado que cruza la frontera, cada disidente encarcelado, es un recordatorio de lo que sucede cuando el poder se concentra en manos de unos pocos y la libertad se convierte en una mera ilusión. Los colombianos, por tanto, no podemos permitirnos el lujo de la indiferencia. Debemos aprender de las lecciones del pasado y estar preparados para defender nuestra democracia con determinación y unidad.

En este contexto, surge una luz en la oscuridad, una plataforma para aquellos que creen en una Colombia libre y próspera. La lucha por la libertad en Venezuela es solo el primer paso en una batalla mucho más amplia que involucra a toda la región. Necesitamos unificarnos, no solo para apoyar a nuestros hermanos venezolanos, sino también para proteger nuestra propia soberanía y futuro. La libertad no es un regalo que se recibe pasivamente, sino un derecho que se defiende activamente.

El coraje y la resolución de los venezolanos en su lucha contra la tiranía son una inspiración para nosotros. Al apoyar su causa, no solo estamos haciendo un acto de solidaridad, sino también una inversión en nuestro propio futuro. La caída del régimen de Maduro será una victoria para la libertad y la democracia en toda América Latina. Debemos estar listos para celebrar ese triunfo y, al mismo tiempo, mantenernos vigilantes y activos en la defensa de nuestros propios derechos.

Los días que se avecinan son cruciales. Lo que ocurra en Venezuela impactará en toda la región y, específicamente, en Colombia. No podemos darnos el lujo de mirar hacia otro lado. La libertad, como siempre, será defendida por aquellos que están dispuestos a luchar por ella. Que el ejemplo de Venezuela nos sirva de guía y motivación para proteger lo que es justo y necesario en nuestra propia tierra. El tiempo de la indiferencia ha terminado; ahora es el momento de la acción y el compromiso.

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