Por qué Perdemos: Reflexiones de Axel Káiser sobre la Lucha Liberal en América Latina
¿Por qué perdemos? Esta es una pregunta que he meditado profundamente a lo largo de mi vida, tanto desde el ámbito intelectual como desde mi experiencia personal en América Latina, una región donde la alternativa marxista y socialista tiene una presencia particularmente vibrante. En mi búsqueda de respuestas, he encontrado que una de las reflexiones más esclarecedoras proviene de Friedrich Hayek, quien en 1949 observó que el éxito socialista se debía al "coraje de ser utópicos". Esta valentía les ha otorgado una influencia que hace políticamente posible lo que antes parecía imposible.
El concepto de utopía, acuñado por Thomas More en 1516, se refiere a un lugar que no existe. Sin embargo, también se puede entender como un lugar feliz o ideal. A lo largo de la historia, encontramos pensamientos utópicos en diversas culturas y épocas, todos compartiendo dos características principales: la eliminación de la escasez y la armonía social. Estas utopías no presentan programas detallados, sino sueños sociales etéreos que prometen un orden perfecto y estático donde no hay necesidad de cambio.
La esencia de la utopía socialista, más allá del odio y la envidia, radica en la promesa de un amor fraternal y un bienestar colectivo. Marx, por ejemplo, no solo buscaba destruir a la burguesía sino también prometía un flujo abundante de riqueza colectiva. Esta promesa de fraternidad y comunidad resuena profundamente en el imaginario moral, incluso reflejando valores fundamentales del cristianismo, como mencionó el Papa Francisco al comparar el pensamiento comunista con el verdadero cristianismo.
Gerald A. Cohen, un influyente filósofo marxista del siglo XX, definió el socialismo como comunidad, un cuidado comunitario donde las personas se preocupan unas por otras. Este concepto requiere una experiencia de vida similar entre todos, lo que se pierde cuando hay desigualdades económicas significativas. Aquí es donde los liberales hemos fallado. Nos hemos centrado demasiado en el discurso técnico-económico, olvidando el alma seductora del liberalismo clásico.
En Chile, por ejemplo, las reformas liberales exitosas a nivel mundial fracasaron a nivel local porque los economistas y expertos en políticas públicas perdieron el debate contra los filósofos y juristas de izquierda. Argumentos técnicos, aunque importantes, no tienen el mismo poder que los argumentos morales, algo que Javier Milei en Argentina ha comprendido bien. Milei ha centrado su discurso en argumentos morales más que económicos, lo cual ha sido clave para la transformación cultural en Argentina.
Otro problema que enfrentamos los liberales es el reduccionismo de la autonomía. Hemos transmitido la idea de que el estado no debe intervenir, pero no hemos enfatizado suficientemente la importancia de la comunidad y la preocupación por los demás. Esto ha dejado a muchas personas con la sensación de estar abandonadas por el discurso liberal.
Entonces, ¿cómo podemos ofrecer una utopía liberal? Una utopía realista basada en el concepto de florecimiento humano puede ser la respuesta. Esta idea implica hacernos cargo de dimensiones importantes de la vida de las personas, como la búsqueda de una vida buena. El liberalismo clásico debe ofrecer respuestas claras sobre lo que constituye una vida buena, respetando los proyectos individuales pero también promoviendo virtudes como la responsabilidad y el coraje.
El socialismo tiene un atractivo eterno porque expresa un sueño de cooperación y justicia que trasciende momentos históricos concretos. Los valores que promueve son parte constitutiva del paisaje ético humano. Los liberales debemos formular una alternativa convincente a la promesa utópica socialista, una que se haga cargo de estas características fundamentales del paisaje ético humano. Solo así podremos evitar ser derrotados una y otra vez por los socialistas.
*Resume tomado de las reflexiones presentadas por Axel Káiser luego de su participación en Culture of Liberty en Buenos Aires Argentina.

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