Más Allá del Estado: La Clave para Preservar la Libertad


En la Colombia de hoy, bajo el gobierno de Gustavo Petro, el Estado ha extendido sus tentáculos hasta los rincones más íntimos de la vida diaria. Desde la manipulación de la moneda hasta la regulación de los recursos más básicos, el aparato estatal parece no conocer límites. La devaluación del peso, que afecta directamente el poder adquisitivo de los ciudadanos, es solo una manifestación de esta tendencia creciente. Al mismo tiempo, medidas aparentemente inofensivas como la regulación de los precios de la energía, muestran cómo el Estado pretende ejercer control hasta sobre los detalles más minuciosos de nuestra existencia. Este control no es casual ni anecdótico; es parte de una estrategia más amplia que busca centralizar el poder y limitar la autonomía individual y colectiva.

Sin embargo, oponerse al poder del Estado no es suficiente. La simple resistencia o la crítica constante no bastan para frenar la marea de intervencionismo que amenaza con ahogar la libertad en Colombia. Es crucial estar a favor de algo, de principios y de instituciones que ofrezcan un contrapeso real al creciente poder estatal. La solución radica en fortalecer las instituciones que, a lo largo de la historia, han demostrado ser capaces de desafiar al Estado, desplazándolo y haciéndolo innecesario en muchos aspectos de la vida social y económica.

Los mercados libres son una de estas instituciones fundamentales. A pesar de los múltiples ataques que han sufrido por parte de los ideólogos estatistas, los mercados han mostrado una capacidad inigualable para adaptarse, innovar y proporcionar bienes y servicios de manera eficiente. En Colombia, donde la intervención estatal ha sido la norma más que la excepción, es más importante que nunca defender y promover el libre mercado. Solo en un entorno de verdadera competencia y libertad económica, las personas pueden prosperar, tomar decisiones sobre sus vidas y escapar de la opresión de un Estado que pretende decidir por ellos.

Sin embargo, los mercados no son las únicas instituciones que deben fortalecerse. Las familias, como unidades básicas de la sociedad, han sido históricamente un baluarte contra el poder estatal. En tiempos de crisis, las familias ofrecen apoyo, solidaridad y un espacio de autonomía que el Estado no puede controlar fácilmente. En Colombia, donde las políticas gubernamentales a menudo fallan en brindar el soporte necesario a los ciudadanos, las familias han sido cruciales para mantener el tejido social unido. Pero esta fortaleza no es inmune a los ataques. La ideología que promueve un mayor control estatal sobre la educación y la crianza de los hijos, por ejemplo, es una amenaza directa a la autonomía familiar. Defender la familia significa defender el derecho de los padres a educar a sus hijos según sus valores, sin la intromisión de un Estado que busca uniformar y controlar el pensamiento desde la infancia.

Otro pilar fundamental en la lucha contra el control estatal son las iglesias y las comunidades religiosas. A lo largo de la historia, las religiones han proporcionado un marco moral y ético que ha permitido a las personas resistir las tentaciones del poder absoluto. En Colombia, donde la religión ha sido una fuerza importante en la vida de millones de personas, las iglesias continúan siendo un espacio de resistencia y de crítica al poder estatal. La defensa de la libertad religiosa y la autonomía de las comunidades de fe es esencial para preservar un espacio donde las personas puedan vivir según sus convicciones, sin miedo a la represión estatal.

Las organizaciones privadas, desde ONGs hasta empresas, también juegan un papel crucial en la creación de un mundo “fuera del Estado”. Estas organizaciones, cuando funcionan en un entorno libre de excesiva regulación y control estatal, son capaces de ofrecer soluciones a problemas sociales y económicos de manera más eficiente y efectiva que cualquier programa gubernamental. En Colombia, donde la corrupción y la ineficiencia del Estado son problemas endémicos, las organizaciones privadas son a menudo la única esperanza para muchas comunidades. Pero para que estas organizaciones puedan prosperar, es esencial que se mantengan libres del intervencionismo estatal, que amenaza con sofocar su capacidad de operar independientemente y de innovar.

Este enfoque no es nuevo. Los comunistas, desde Marx hasta los regímenes autoritarios modernos, han entendido perfectamente que para consolidar el poder del Estado es necesario destruir o debilitar estas instituciones independientes. Marx, en su manifiesto, no solo llamó a la abolición de la propiedad privada, sino que también atacó a la familia y a la religión como obstáculos para la creación de una sociedad completamente controlada por el Estado. Los fascistas, como Mussolini, adoptaron un enfoque similar, declarando que no tolerarían “nada fuera del Estado, nada contra el Estado”. Estas ideologías totalitarias comparten una comprensión fundamental: la libertad individual y colectiva solo puede existir en un mundo donde el Estado no tenga el monopolio del poder.

La clave para preservar la libertad en Colombia radica, entonces, en fortalecer y proteger estas instituciones que operan “fuera del Estado”. Esto no significa simplemente resistir al poder estatal, sino construir y sostener alternativas reales al mismo. Si permitimos que el Estado siga expandiendo su control sin límites, corremos el riesgo de perder las libertades que hemos luchado tanto por conseguir. Los ciudadanos deben tomar un papel activo en la defensa de los mercados libres, la familia, la religión y las organizaciones privadas, no solo como formas de resistir al Estado, sino como medios para crear una sociedad más libre, justa y próspera.

En un momento donde la tentación de depender del Estado es más fuerte que nunca, es fundamental recordar que la verdadera libertad no proviene del control estatal, sino de la capacidad de las personas y las comunidades para gobernarse a sí mismas. Para los ciudadanos, la recomendación es clara: no caigan en la trampa de esperar que el Estado solucione todos sus problemas. En su lugar, apoyen y fortalezcan las instituciones que han demostrado ser capaces de ofrecer soluciones reales y duraderas. La libertad no se preserva a través de la pasividad, sino mediante la acción constante y la defensa de los principios que permiten a las personas vivir en dignidad y autonomía. En un mundo donde el Estado busca constantemente ampliar su poder, es imperativo construir un mundo donde las personas puedan vivir y prosperar, independientemente del control estatal.

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