La Trampa del Intervencionismo Estatal: Lecciones de Sudáfrica para Colombia

En un momento en que muchos países, incluida Colombia, intentan implementar programas de asignación de recursos basados en criterios como la raza o la equidad, es crucial reevaluar las lecciones históricas y económicas que se pueden extraer del relato de Walter Williams sobre “La guerra de Sudáfrica contra el capitalismo”. En su análisis, Williams estudia los devastadores efectos económicos de un sistema de discriminación racial legalizada, conocido como apartheid, y desmitifica la creencia de que el capitalismo es intrínsecamente discriminatorio.

El capitalismo ha sido injustamente señalado como el villano en muchas narrativas contemporáneas. La percepción generalizada de que los capitalistas buscan maximizar sus beneficios a cualquier costo, oprimen a las razas oprimidas y explotan a los trabajadores, es una simplificación peligrosa. Williams desafía esta visión, argumentando que el verdadero capitalismo, definido como el funcionamiento sin trabas del mercado en la asignación de recursos, es incompatible con cualquier forma de discriminación institucionalizada. Bajo esta luz, el apartheid no solo es ajeno al capitalismo, sino que es su antítesis.

El apartheid sudafricano, con su política de asignar recursos y oportunidades basándose en la raza, se mantuvo firmemente en contra de los principios capitalistas. Los líderes del apartheid estaban dispuestos a sacrificar el crecimiento económico para perpetuar la discriminación racial. Esto contrasta con el capitalismo, que promueve la eficiencia y la innovación a través del libre intercambio y la competencia justa. Williams demuestra que el apartheid debe ser entendido como una lucha contra el capitalismo, no como una manifestación de él.

Uno de los temores más profundos de Williams era que el fin del apartheid diera lugar a un nuevo y potencialmente peor conjunto de problemas, una especie de “apartheid camuflado”. Este temor no era infundado. El término “empoderamiento económico negro de base amplia” en Sudáfrica hoy día es una evidencia de cómo la discriminación racial puede transformarse, en lugar de ser eliminada. Esta nueva forma de discriminación legalizada otorga derechos y privilegios a ciertos grupos raciales, excluyendo a otros, perpetuando un ciclo de injusticia.

En Colombia, esta historia resuena de manera preocupante. Las políticas de discriminación positiva, aunque bien intencionadas, pueden llevar a una segmentación de la sociedad y a una nueva forma de discriminación institucionalizada. La Constitución sudafricana, que promueve la igualdad y la protección ante la ley, es utilizada para justificar estas políticas de equidad, similares a las que se proponen en Colombia. Pero, como señala Williams, el problema no es solo el elemento racial, sino el papel del Estado en la imposición de estas políticas.

El intento del Estado de imponer la segregación racial y redistribuir recursos de una raza a otra es una receta para el fracaso económico y social. No existe un método de control estatal de la economía que pueda funcionar eficientemente, lo que explica el fracaso del comunismo y otras formas de intervencionismo estatal. La intervención del Estado en la economía y en la vida de los individuos, a través de políticas de discriminación legalizada, crea tensiones y resistencia que socavan el progreso y la cohesión social.

En Sudáfrica, la resistencia al apartheid no fue solo por razones morales, sino también por razones económicas. Las políticas discriminatorias, aunque diseñadas para beneficiar a un grupo, inevitablemente crean desventajas para otros, provocando tensiones y conflictos. En Colombia, adoptar políticas que segmenten a la sociedad basándose en criterios de equidad podría llevar a una resistencia similar, no solo por razones de justicia, sino también por el impacto económico negativo que estas políticas podrían tener.

Es vital entender que el intervencionismo estatal en la economía, ya sea a través de políticas de equidad o de otro tipo, siempre está mal. Va en contra de la libertad individual, la propiedad privada y el libre intercambio, pilares fundamentales para el desarrollo y la paz social. La naturaleza moralmente ofensiva de las políticas racistas del Estado es solo un agravante, pero el verdadero problema radica en la negación de la libertad económica y personal.

En Colombia, es crucial aprender de los errores del pasado y de otros países. Debemos evitar caer en la trampa del intervencionismo estatal disfrazado de equidad. En lugar de políticas que dividan y segmenten a la sociedad, necesitamos promover la libertad económica, la propiedad privada y el libre mercado. Estas son las verdaderas herramientas para el progreso y la prosperidad.

Recomendaciones para Colombia en la actualidad incluyen reforzar las políticas que promuevan la competencia justa y el libre mercado, eliminar las barreras que impiden el emprendimiento y la innovación, y garantizar que todas las personas, independientemente de su origen racial o social, tengan la oportunidad de participar en el mercado en igualdad de condiciones. Solo así podremos construir una sociedad verdaderamente justa y próspera, aprendiendo de las lecciones del pasado y mirando hacia un futuro de libertad y oportunidad para todos.

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