Justicia Social: Por Qué Colombia Debe Volver a la Justicia Verdadera
En la actualidad, uno de los términos más frecuentes en el discurso público es "justicia social". Irónicamente, este concepto representa lo contrario de la verdadera justicia. La "justicia social" en realidad implica dobles raseros, desigualdad, parcialidad, prejuicio, racismo, selectividad y subjetividad. Esta paradoja de la modernidad necesita ser desentrañada para entender sus implicaciones.
La verdadera justicia, aplicada de manera equitativa y honesta, exige igualdad, equidad, honestidad, imparcialidad, ausencia de prejuicios, no discriminación racial, no selectividad, objetividad y un criterio único para todos. Sin embargo, la "justicia social" se define con palabras como diversidad, inclusión y equidad, términos que, en su aplicación moderna, contradicen sus significados originales y verdaderos.
El principal esfuerzo de la "justicia social" parece ser corregir las injusticias del pasado. Aunque esta corrección es necesaria, no debe lograrse a costa de crear nuevas injusticias contra otros grupos. Por ejemplo, en temas de diversidad, la selección basada en raza o género ignora las calificaciones objetivas, favoreciendo de manera parcial y prejuiciosa a ciertos grupos sobre otros. Esto incluye favorecer a una raza sobre otras y a las mujeres sobre los hombres, creando desigualdad en lugar de equidad.
En el ámbito de la inclusión, la implementación de "espacios seguros" en algunas organizaciones y universidades ha llevado a una exclusión paradójica. Estos espacios, destinados a proteger psicológicamente a ciertos grupos, terminan fomentando la segregación y el aislamiento en lugar de la verdadera inclusión. La noción de "espacio seguro" se ha desvirtuado hasta el punto de promover la exclusión y la segregación, contrariamente a su objetivo declarado de inclusión.
Luego está el término omnipresente, equidad. Basándonos en la apariencia, entendemos que se relaciona con la igualdad. Sin embargo, se ha convertido en lo opuesto a su definición original. Aquí también se ignora la igualdad. No hay mejor descripción de esto que la citada por el escritor Christopher F. Rufo, periodista conservador estadounidense:
"La equidad exige lo opuesto: categorizar a los individuos en identidades grupales y asignar un trato desigual a los miembros de esos grupos, buscando 'igualar' lo que de otro modo se consideraría resultados injustos. Lo que esto significa en la práctica es que los miembros de ciertos grupos son favorecidos, mientras que otros son desfavorecidos: en resumen, la desigualdad justificada bajo la ideología de la 'equidad'."
Crear nuevas injusticias para corregir las antiguas perjudica a quienes reciben el favor, al rebajar los estándares de excelencia y afecta a individuos inocentes y cualificados. El propósito de la justicia es proteger a los inocentes del mal o del daño indebido. La "justicia social" protege solo a algunos, incluso a los no calificados, mientras perjudica a individuos inocentes, inofensivos y altamente calificados. Se erradica el estándar más importante. Estas nuevas injusticias son básicamente un doble rasero por excelencia.
Volviendo a las exigencias de la verdadera justicia, como la igualdad, la equidad, la honestidad, la imparcialidad, la no discriminación, la no discriminación racial, la no selección, la objetividad y, lo más importante, la aplicación de un único criterio para todos, ¿qué elementos de esta lista podrían considerarse injustos o incorrectos? De hecho, ¿no garantizan una diversidad genuina, una inclusión total y una equidad incondicional?
Cuando se trata de "verdadera justicia", nuestro objetivo y búsqueda deben ser lograr lo que es correcto para todos y no repetir errores e injusticias pasadas hacia nadie. ¡Es hora de rechazar la "justicia social" tal como se practica y reemplazarla por una "justicia verdadera" y honesta para todos!
En Colombia, estas reflexiones son particularmente relevantes. Nuestro país ha vivido profundas divisiones y desigualdades, y la búsqueda de justicia social ha sido una bandera constante. Sin embargo, debemos tener cuidado con las soluciones que proponemos y adoptamos. No podemos caer en la trampa de crear nuevas injusticias bajo el manto de corregir las viejas.
El camino hacia la verdadera justicia en Colombia requiere un enfoque que no discrimine ni favorezca a ningún grupo en particular, sino que promueva la igualdad de oportunidades para todos. Esto significa aplicar estándares objetivos en todos los ámbitos, desde la educación hasta el empleo, y rechazar cualquier forma de favoritismo basado en raza, género u orientación sexual.
Además, debemos rechazar las políticas que fomentan la segregación y la exclusión bajo la apariencia de "espacios seguros" o programas de equidad que realmente perpetúan la desigualdad. La verdadera inclusión y diversidad se logran cuando todos tienen las mismas oportunidades y se juzgan por sus méritos y capacidades, no por características inherentes como su raza o género.
Finalmente, debemos recordar que el papel del Estado no es imponer nuevas formas de discriminación, sino garantizar que todos los ciudadanos tengan igualdad ante la ley y las mismas oportunidades para prosperar. La verdadera justicia no se trata de beneficiar a unos a expensas de otros, sino de crear un entorno donde todos puedan alcanzar su máximo potencial sin enfrentar barreras artificiales.
En conclusión, Colombia debe aspirar a una justicia verdadera, basada en principios universales de igualdad y equidad, y rechazar las soluciones simplistas que crean más problemas de los que resuelven. La justicia social, tal como se practica hoy, es una trampa que perpetúa la desigualdad y la injusticia. Solo a través de una verdadera justicia podremos construir un país más justo y próspero para todos.

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