El problema de Colombia no es la extrema derecha, sino el socialismo
Una advertencia para todos: Colombia, un país maravilloso con un excelente capital humano y empresarios extraordinarios, está siendo devastado económicamente. Las cargas fiscales y regulatorias que enfrentan las empresas son abrumadoras. Si usted es un estatista keynesiano, seguramente se le estará haciendo agua la boca. Las características mencionadas apuntan a una sociedad socialista perfecta: un Estado enorme, impuestos extremadamente altos y progresivos, y una red social gigantesca. Sin embargo, estas características no han traído prosperidad.
El aclamado Estado social ha fracasado porque la enorme maquinaria de subsidios y gastos ha ignorado el cálculo económico, convirtiendo al país en una pesadilla tanto para los creadores de empleo y riqueza como para quienes buscan una red social que les brinde oportunidades. Este fenómeno no es exclusivo de Colombia; Francia, por ejemplo, ha demostrado que la promesa de una redistribución socialista sólo crea estancamiento.
Las empresas y los contribuyentes en Colombia están agotados por la constante sangría de sus recursos. El sistema de subsidios ha engendrado un grupo de ciudadanos dependientes e iracundos que se sienten abandonados y luchan por comprender su situación. Décadas de dolorosas subidas de impuestos y políticas migratorias equivocadas, que han alejado incluso a quienes han sido admitidos en el país, han dejado a los contribuyentes exhaustos y a los ciudadanos respetuosos de la ley aterrorizados. La economía está experimentando un crecimiento bajo o nulo y una disminución del crecimiento de la productividad, lo que resulta en un crecimiento salarial real debilitado, mayor inseguridad e impuestos agobiantes.
El socialismo siempre ignora el cálculo económico y la necesidad de promover el crecimiento y la creación de riqueza para progresar. Cuando el mantenimiento de un Estado inflado y la redistribución se convierten en los únicos objetivos, la economía se estanca y todo el mundo se enfada. Muchos países ya han demostrado por medio de sus fracasos que la promesa de una redistribución socialista sólo crea estancamiento. Colombia no es la excepción. La maquinaria estatal sigue creciendo, y con ella, la frustración de sus ciudadanos.
“La amenaza es la extrema derecha”. No. La verdadera amenaza es el estatismo. Colombia necesita reconocer que un enfoque estatista y socialista está condenando al país al estancamiento y la desesperanza. Es fundamental adoptar políticas que fomenten la libertad económica, reduzcan la carga fiscal y regulatoria, y promuevan la iniciativa empresarial. Sólo así se podrá liberar el potencial económico del país y ofrecer a sus ciudadanos la prosperidad que merecen.
Para evitar el destino de otros países atrapados en el ciclo del estatismo, Colombia debe redirigir su rumbo hacia políticas que valoren el mercado libre y la competencia. El capital humano y el espíritu empresarial que caracterizan al país pueden ser la clave para una verdadera recuperación económica. Es hora de dejar de lado el socialismo y abrazar la libertad económica como la vía para un futuro más prometedor.

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