¿Realmente Facilitan los Negocios? La Paradoja de la Intervención Estatal en Colombia


La clasificación de “facilidad para hacer negocios” mide lo fácil que es registrar, iniciar y mantener un negocio en un país. Aunque su metodología no es perfecta, considera factores cruciales como el costo y el tiempo para iniciar un negocio, los registros de propiedad, las cargas fiscales y el cumplimiento de los contratos. No es sorprendente que los países en los primeros lugares de estas clasificaciones sean algunos de los más prósperos del mundo.

En Colombia, los políticos utilizan mejoras en la facilidad para hacer negocios como promesa electoral. Cuando estos programas se implementan adecuadamente y crean un entorno empresarial más libre, pueden fomentar la prosperidad económica. Un ejemplo global es India, donde las promesas de Narendra Modi de crear un mejor entorno empresarial tras su ascenso a primer ministro en 2014 coincidieron con un crecimiento económico sustancial. Sin embargo, no deberíamos agradecer a los políticos por crear prosperidad económica simplemente interfiriendo menos de lo que lo harían de otra manera.

Un entorno empresarial saludable se basa en derechos de propiedad sólidos y libertad de asociación. Los gobiernos no pueden mejorar estos elementos y solo pueden empeorarlos aplicando políticas que violan estos derechos. Por tanto, los gobiernos no contribuyen a la facilidad para hacer negocios. En cambio, dificultan los negocios al obstaculizar el libre mercado. En Colombia, factores culturales también pueden influir en la facilidad para hacer negocios. Los países con una larga historia de derechos de propiedad, como muchos occidentales, prosperan en estas clasificaciones. En contraste, en regiones con menos tradición de derechos de propiedad, las barreras culturales y sociales pueden obstaculizar el emprendimiento.

Colombia enfrenta desafíos específicos en este ámbito. La burocracia, la corrupción y la inestabilidad legal son barreras significativas. Los empresarios deben navegar un laberinto de regulaciones y permisos, lo que incrementa los costos y el tiempo necesarios para iniciar y mantener un negocio. Además, la alta carga fiscal y la complejidad del sistema tributario desincentivan la formalización y la inversión.

Los países africanos, por ejemplo, enfrentan dificultades extremas para hacer negocios debido a gobiernos autoritarios y corrupción. En Colombia, aunque no se alcanza esos niveles de autoritarismo, la corrupción y la ineficiencia administrativa son problemas persistentes. Esto genera incertidumbre y desconfianza entre los inversionistas, quienes temen que sus actividades comerciales no sean seguras. Casos de expropiación y cambios abruptos en las regulaciones no son infrecuentes, afectando la estabilidad y previsibilidad necesarias para un entorno empresarial próspero.

Incluso en Estados Unidos, perder propiedad debido a la expropiación es menos probable que en Colombia, donde la corrupción puede hacer que tales casos sean más comunes. Es importante señalar que los estados no pueden contribuir a la facilidad para hacer negocios. Solo pueden crear dificultades adicionales e innecesarias para hacer negocios. El trabajo de los empresarios ya es suficientemente duro sin la interferencia del gobierno, y agregar cargas adicionales a algunos de los miembros más productivos de la sociedad sofoca la prosperidad.

Al ocultar las verdaderas causas del estancamiento económico, los estados pueden culpar a factores distintos de sus propias políticas. Si Colombia desea mejorar su entorno empresarial, no debería pedirle al gobierno que implemente más regulaciones. Solo es necesario que el gobierno deje de entrometerse en los negocios a través de sus normas y reglamentos. Comparado con países que utilizan intervenciones estatistas, los países que siguen el libre mercado verán resultados considerablemente mejores al ofrecer a los empresarios productivos e innovadores menos resistencia cuando intentan crear valor.

Además, muchos empresarios en Colombia operan desde la ilegalidad para poder mantener sus negocios abiertos. La informalidad es una respuesta a la insostenible carga de cumplir con la regulación estatal. Estos empresarios deben competir en el mercado ofreciendo precios competitivos y productos de alta calidad, lo que se vuelve inviable bajo el peso de impuestos y regulaciones excesivas. Esta situación no solo perpetúa la informalidad sino que también limita el crecimiento económico y el desarrollo empresarial.

En conclusión, para que Colombia logre un buen entorno empresarial, no se trata de pedirle al gobierno que intervenga más, sino de que intervenga menos. De esta forma, se permitirá a los empresarios innovadores y productivos crear valor y prosperar, impulsando así el desarrollo económico del país.

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