Libertad Económica y la Civilización
La ciencia económica no ha escapado a la tendencia de rechazar teorías fundamentales que históricamente han sido pilares del progreso económico y la civilización. En la actualidad, se cuestiona incluso el concepto de “civilización”, bajo la premisa de que todas las culturas son iguales y, por lo tanto, ninguna es superior a otra. Este relativismo cultural lleva a la peligrosa conclusión de que la libertad económica no debe ser priorizada sobre otros objetivos sociales.
La libertad económica implica la capacidad de los individuos para participar en actividades que sostienen la prosperidad y la civilización, además de las condiciones institucionales necesarias para que las personas prosperen. Así, la libertad económica está intrínsecamente ligada a la civilización misma. No es posible rechazar los principios económicos fundamentales y esperar mantener el nivel de progreso económico al que estamos acostumbrados. Ignorar el papel crucial que ha desempeñado la libertad económica en los avances técnicos de los últimos dos siglos es un grave error.
Los principios de la libertad económica no son meramente coincidencias históricas; están profundamente arraigados en la estructura de la civilización. Explicar esta conexión es una tarea central de la economía. El destino de la civilización moderna, desarrollada en los últimos doscientos años, está inseparablemente ligado a la ciencia económica. Esta civilización surgió gracias a la aplicación de principios económicos a los problemas políticos y perecerá si las naciones continúan rechazando estos principios bajo doctrinas equivocadas.
Los estudios sobre el desarrollo económico refuerzan la importancia de los principios económicos universales, mostrando que son esenciales para el florecimiento humano en todas las regiones del mundo. Los derechos de propiedad y el comercio exterior han promovido el desarrollo económico, demostrando que estos principios son aplicables universalmente. Incluso las personas analfabetas en situaciones de pobreza extrema respondían inteligentemente a las oportunidades económicas, demostrando la universalidad de estos principios.
Un corolario crucial de los derechos de propiedad y la libertad económica es la igualdad ante la ley, que garantiza la plena participación en la economía de mercado. Este principio no busca igualar a los desiguales, sino asegurar que todos tengan el derecho a poseer propiedad. Las restricciones a la libertad económica son incorrectas sin importar a quién afecten. Este principio es fundamental para la civilización, ya que permite a toda la humanidad beneficiarse de la cooperación social y la civilización.
Los beneficios de la libertad económica y la civilización no son exclusivos de los grandes innovadores, sino que se extienden a todos los miembros de la sociedad. La civilización es valorada por todos aquellos que no son presa de la envidia hacia el éxito ajeno. Las ventajas de una sociedad civilizada y económicamente libre benefician a toda la humanidad. Cada individuo puede reconocer y aspirar a su potencial heroico común, recordándonos a todos el valor de la civilización y la libertad económica.
La conexión entre la libertad económica y la civilización es indisoluble. Los principios económicos que han guiado el progreso humano durante siglos no pueden ser rechazados sin consecuencias graves. La ciencia económica y la libertad económica son esenciales para el mantenimiento y el avance de la civilización, y es imperativo que esta relación sea comprendida y defendida.

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