El Estado es el Mayor Falsificador de Dinero


La intervención estatal en la economía colombiana se ha convertido en un tema de debate constante. En el centro de esta discusión se encuentra la capacidad del Estado para influir en la economía a través de la emisión de dinero, una práctica que, en esencia, no es muy diferente de la falsificación. Al tener el monopolio de la fuerza, el Estado justifica su existencia y su intervención en la economía bajo la premisa de protección y estabilidad. Sin embargo, esta intervención a menudo resulta en una distorsión del mercado y un freno al verdadero progreso económico.

El Estado obtiene su financiamiento principalmente a través de los impuestos. En Colombia, esto incluye una variedad de impuestos como el Impuesto a la Renta, el Impuesto al Valor Agregado (IVA) y el Impuesto de Industria y Comercio (ICA). Estos impuestos son necesarios para financiar las operaciones del gobierno, pero también representan una carga significativa para los ciudadanos y las empresas. Desde la implementación de la retención en la fuente, el gobierno ha hecho que el proceso de recaudación sea más eficiente, asegurándose de que los impuestos se paguen antes de que los ingresos lleguen a las manos de los ciudadanos. Esta práctica ha reducido la resistencia a los impuestos, pero también ha hecho que sea más difícil para los individuos y las empresas manejar sus propios recursos.

A medida que los estados crecen, necesitan más financiamiento del que pueden recaudar a través de impuestos directos sin provocar una revuelta. Aquí es donde entra en juego la falsificación legalizada, también conocida como banca central. En Colombia, el Banco de la República tiene el poder de emitir dinero y controlar la política monetaria. Esta capacidad de crear dinero de la nada, a través de la emisión de billetes fiduciarios, permite al Estado financiar sus actividades sin tener que aumentar los impuestos de manera proporcional.

La historia de los bancos centrales y su capacidad para crear dinero ha sido defendida como una necesidad para la estabilidad económica. En los Estados Unidos, la creación de la Reserva Federal fue justificada como una medida para evitar los pánicos financieros del siglo XIX. En Colombia, el Banco de la República desempeña un papel similar, interviniendo en la economía para controlar la inflación y estabilizar el sistema financiero. Sin embargo, esta capacidad de crear dinero también tiene un lado oscuro. La emisión excesiva de dinero lleva a la inflación, disminuyendo el poder adquisitivo de la moneda y perjudicando a los ciudadanos, especialmente a los más pobres.

La falsificación de dinero por parte del Estado no se limita a la emisión de billetes. Históricamente, los gobiernos han manipulado el valor de las monedas, reduciendo el contenido de metal precioso en las mismas mientras mantenían su valor nominal. Esta práctica, conocida como degradación de la moneda, permitía a los gobiernos financiarse sin aumentar los impuestos, pero a costa de la estabilidad económica. En la actualidad, la inflación cumple una función similar, permitiendo al Estado gastar más de lo que recauda, pero disminuyendo el valor real del dinero en el bolsillo de los ciudadanos.

La intervención del Estado en la economía no se detiene en la emisión de dinero. Las regulaciones y los controles de precios son otras formas en las que el gobierno intenta influir en el mercado. Sin embargo, estas intervenciones a menudo tienen consecuencias no deseadas. Por ejemplo, los controles de precios pueden llevar a la escasez de productos, ya que los productores no pueden obtener un precio justo por sus bienes. Las regulaciones excesivas pueden hacer que sea difícil y costoso para las empresas operar, lo que limita la competencia y reduce la innovación.


En Colombia, muchos empresarios se ven obligados a operar en la informalidad para sobrevivir. La carga regulatoria y fiscal es tan alta que cumplir con todas las exigencias del Estado es insostenible para muchos. Operar fuera de la legalidad permite a estos negocios reducir costos y ofrecer precios competitivos, pero también perpetúa la inseguridad y la falta de garantías legales. Este mercado informal es una respuesta directa a un entorno económico donde las regulaciones y los impuestos hacen que sea prácticamente imposible competir de manera justa.

La ignorancia del público sobre el funcionamiento del sistema monetario y la política económica es uno de los mayores aliados de la falsificación estatal. Pocos entienden cómo la creación de dinero por parte del Banco de la República afecta la economía, y menos aún cuestionan la necesidad de un banco central. Los economistas de la corriente principal defienden la estabilidad de precios y la política monetaria activa, pero ignoran los efectos a largo plazo de la inflación y la manipulación monetaria.

El verdadero progreso económico requiere un mercado libre sin las distorsiones causadas por la intervención estatal. La eliminación del monopolio estatal sobre el dinero y la reducción de las regulaciones permitirían a las empresas operar de manera más eficiente y competitiva. Un sistema monetario basado en el libre mercado, como el oro, evitaría la manipulación estatal y permitiría una economía más estable y próspera.

En última instancia, la intervención estatal en la economía a través de la falsificación de dinero y la regulación excesiva es una barrera para el verdadero progreso económico. La solución pasa por devolver el control del dinero y la economía a los ciudadanos, permitiendo que el libre mercado determine el valor del dinero y las reglas del juego. Solo así podremos lograr una economía realmente libre y próspera.

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