Colombia en la Encrucijada: El Peligro de un Déficit Presupuestario Fuera de Control


El déficit presupuestario es un problema que resuena en todo el mundo, y Colombia no es la excepción. La falta de disciplina fiscal está llevando a nuestro país hacia un terreno peligroso, donde los gastos por intereses de la deuda aumentan y las soluciones parecen cada vez más lejanas. Mientras tanto, la administración actual mantiene la creencia de que todos los gastos son esenciales pero insuficientes, y que los ingresos tributarios deben aumentar, incluso si esto significa mayores impuestos para los ciudadanos.

La situación es preocupante. En lugar de reconocer que los déficits son principalmente un problema de gasto excesivo, muchos funcionarios gubernamentales se enfocan en la falta de ingresos. Los ingresos fiscales son cíclicos, subiendo y bajando con la economía, mientras que los gastos gubernamentales tienden a consolidarse y aumentar a un ritmo más rápido. Este desequilibrio se agrava en momentos de expansión económica, cuando el gobierno gasta más, y en períodos de debilidad económica, cuando también aumenta el gasto con la esperanza de estimular la economía.

Esta espiral de gasto deficitario impone una carga cada vez mayor sobre la economía colombiana. En tiempos de recesión, el descontento aumenta a medida que los ciudadanos sienten el peso de las políticas fiscales insostenibles. Durante los períodos de expansión, el gasto excesivo del gobierno sigue drenando recursos que podrían haberse utilizado de manera más eficiente en el sector privado.

Estamos ante una propuesta peligrosa para la economía de Colombia. La negativa del gobierno a considerar la administración y el equilibrio del presupuesto está llevando a déficits insostenibles, financiados mediante la impresión de dinero. Esto, a su vez, genera una inflación persistente y más alta, que actúa como un impuesto oculto, erosionando el poder adquisitivo de los colombianos. Cada año, nos encontramos con un gobierno más grande y ciudadanos más pobres.

El keynesianismo, con su enfoque en la expansión del gasto público como solución a los problemas económicos, está demostrando ser perjudicial para la clase media colombiana. Al aumentar los déficits y la impresión de dinero, el tamaño del gobierno en la economía crece más rápido que los sectores privado y productivo. Durante las recesiones, el gobierno incrementa el gasto para combatir la crisis, y durante las crisis económicas, aumenta los impuestos, creando inflación. Esta inflación actúa como un impuesto oculto, erosionando los ahorros y los ingresos reales de los ciudadanos.

Lo que estamos presenciando es una lenta nacionalización de la economía. Las pequeñas empresas y las familias están sufriendo debido a tasas de interés más altas, inflación y mayores impuestos, todo resultado de la política fiscal expansiva del gobierno. Mientras tanto, el gobierno demanda más ingresos fiscales para cubrir sus déficits crecientes.

El truco, como siempre, es prometer que los impuestos solo afectarán a los ricos. Sin embargo, esta promesa es engañosa. No hay forma de que el gobierno pueda aumentar suficientes ingresos solo de los ricos para cubrir un déficit estructural significativo. La carga inevitablemente se trasladará a la clase media, tanto a través de impuestos directos e indirectos como de la inflación.

La administración actual no muestra signos de moderar su tendencia de gasto público descontrolado. La responsabilidad de frenar la inflación recae entonces sobre el Banco de la República, que debe intentar desacelerar el costo de la deuda mientras la política fiscal sigue sin control. Esta situación pone toda la carga de la normalización de políticas y el aumento de tasas sobre el sector productivo, mientras el gobierno sigue viendo el déficit y decide que la solución es recaudar más ingresos.

La única manera de evitar que el peso del peso colombiano pierda más poder adquisitivo y que Colombia se convierta en una economía estancada e improductiva es reducir el tamaño del gobierno. Si creemos que el gobierno debe ser más grande, debemos estar preparados para ser más pobres, perdiendo nuestro salario real y nuestra capacidad para llegar a fin de mes. Querer más gobierno significa estar dispuesto a pagar más por ello. La inflación, los impuestos más altos y los salarios más bajos son el precio de un mayor control estatal.

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