Una Reflexión sobre la Libertad Económica en Colombia


En Colombia, una preocupante percepción sobre la figura del empresario y la esencia del lucro ha arraigado en la mentalidad nacional. Esta distorsión, alimentada por la retórica gubernamental actual, retrata al empresario como un villano y al lucro como inmoral. Se ha afianzado la creencia de que la riqueza de unos pocos se construye a expensas de la pobreza de muchos. Sin embargo, esta visión polarizada no solo socava los cimientos de una sociedad próspera y libre, sino que también condena a millones a la pobreza.

Es en este escenario crítico donde se hace necesaria una labor de educación y promoción que profundice en el papel del mercado libre y el emprendimiento. Esta labor no solo debe llevarse a cabo en colegios y universidades, sino también en el día a día de la sociedad colombiana. Es esencial transmitir el mensaje de que en un mercado libre, la riqueza no es un pastel finito que se reparte, sino una creación constante donde las transacciones libres y voluntarias resultan en beneficios mutuos.

Es vital entender que el lucro no es un mal, sino el reconocimiento de que un servicio o producto ha sido valorado por otros. Es un incentivo esencial para la innovación y el progreso. Además, el empresario no es un explotador, sino un benefactor social que prospera al servir efectivamente las necesidades y deseos de la sociedad. Esta verdad no solo dignifica al empresario, sino que también resalta que la fuente de toda prosperidad radica en la libertad para crear, intercambiar y servir.

Sin embargo, el desafío va más allá de la política electoral. La transformación de la mentalidad de la sociedad es fundamental. Si no cambiamos las ideas predominantes en Colombia, incluso el mejor de los líderes políticos no podrá hacer mucho, ya que será rápidamente rechazado si su agenda se basa en la libertad. Por lo tanto, es crucial trabajar para construir una sociedad donde cada individuo pueda alcanzar su mejor versión y donde el espíritu emprendedor sea reconocido como un motor fundamental del progreso.

En tiempos de dificultad económica, no podemos permitirnos ahorrar en el cuidado y la defensa de las ideas de la libertad. La libertad económica no se pierde por aquellos que la atacan abiertamente, sino por aquellos cuya indiferencia permite que se erosione lentamente. Es momento de recordar que nadie vendrá a salvarnos; debemos ser nosotros mismos quienes defendamos y promovamos la libertad en todas sus formas.

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